¿Su agenda social virtual empieza a estresarle? No es el único

Se suponía que las cuarentenas obligatorias iban a ser un placer para las personas más introvertidas, pues ellas vienen preparadas de base para lo que estamos viviendo todos los demás a causa de la pandemia de coronavirus (COVID-19). Los que más disfrutan de pasar su tiempo a solas y en casa ya eran expertos en el autoaislamiento voluntario. Antes, si alguien salía de un bar para irse a leer a casa, se le consideraba un mal amigo. Ahora, es un héroe.

En un vídeo de TikTok que ya lleva cerca de dos millones de visualizaciones desde principios de marzo, una persona introvertida ve los informativos mientras canta junto con Phil Collins: «Llevo esperando este momento toda mi vida«. Las noticias recomiendan quedarse en casa y evitar contacto con otras personas. Los introvertidos han publicado guías de expertos para quedarse en casa  y reflexiones sobre la alegría de «rajarse» de los planes sociales. En The AtlanticAndrew Ferguson escribió que la cuarentena por coronavirus ha «aliviado una gran presión sobre la comunidad de los introvertidos», los «practicantes esperanzados del distanciamiento antisocial».

Pero a medida que la gente se fue adaptando al aislamiento, empezó a buscar formas de llevar su vida social exterior al interior de su hogar. Los salones de casa, que antes representaban un refugio frente a las oficinas llenas de gente, gimnasios, bares y cafeterías, ahora se han convertido en todo eso a la vez. Las agendas que vaciadas por el alejamiento social se rellenaron de golpe con planes con amigos, familiares y conocidos para tomar «cuarentonics» durante la hora feliz de Zoom, organizar fiestas de Netflix o simplemente ponerse al día mediante Hangouts de Google.

Para lidiar con la pandemia de coronavirus, la gente ha volcado su vida en internet para poder recrearla virtualmente. Sin embargo, esa nueva versión solo se parece un poco a la que dejamos atrás.  En los chats y las aplicaciones de videoconferencia como Zoom, que no fueron diseñados para albergar nuestro trabajo y nuestra vida social a la vez, todo se aplana y se encaja. El resultado, tanto para los introvertidos como para los extrovertidos, es esta extraña sensación de estar desbordados socialmente a pesar de que nos estamos alejando todo lo que podemos.

Tarek, que estudia Derecho en la Universidad de Nueva York (EE. UU.), cuenta: «Al principio me pareció interesante, algo divertido. Me resultó agradable saber que estábamos pasando por esto juntos». Pero tras tres largos días de clases vía Zoom, reuniones extracurriculares virtuales y conversaciones nocturnas con amigos y familiares acabó agotado. Pronto, dejó de contestar cuando le llamaban sus amigos. Necesitaba un poco de tiempo a solas.

No querer hablar con gente durante la pandemia global puede ser algo necesario para protegernos a nosotros mismos y, a la vez, algo que nos hace sentirnos malos amigos. Y es que, ¿cómo explicar a nuestro grupo de amigos de la universidad que queremos pasar una noche a solas en casa cuando estamos solos en casa todo el tiempo?

«No hay manera de rechazar nada con la excusa de tener otros planes. La única excusa es ‘no me apetece’, pero nadie quiere escuchar eso ahora», afirma la colaboradora de Eater Jaya Saxena, que actualmente practica el alejamiento social con su marido en su piso de Nueva York.

Extrovertidos e introvertidos son el tema de muchos memes online sobre la personalidad, como los signos del zodiaco y las casas de Hogwarts. Pueden parecer un poco exagerados. La verdad es que los introvertidos no quieren estar solos todo el tiempo, y los extrovertidos también aprecian los momentos de silencio. Pero esa división existe como forma de describir cómo las personas recargan sus pilas: los introvertidos lo hacen teniendo un tiempo tranquilo para procesar, y los extrovertidos lo consiguen socializando.

Todo el mundo experimenta mucha ansiedad en estos momentos por la propagación del coronavirus, asegura la científica social y directora del Centro de Investigación de Psicología de los Medios, Pamela Rutledge. Pero sus vidas en un ámbito doméstico, y la forma en la que procesan esa ansiedad, son muy diferentes. Para algunos, quedarse en casa significa soledad y mucho tiempo libre. Otros intentan terminar los estudios, educar a los niños en casa o trabajar en condiciones difíciles. Mientras un grupo busca cosas que hacer, el otro anhela un momento libre para salir de casa e ir a buscar papel higiénico.

Las personas introvertidas que se distancian socialmente de los demás pueden sentir un estrés adicional, incluso antes de la primera invitación virtual para las cañas por videoconferencia. Rutledge afirma: «Permanecer en casa con más gente supone una carga para los introvertidos porque no quieren interactuar todo el tiempo».

Saxena no se considera especialmente introvertida. Solía llenar demasiado su agenda con distintos restaurantes para visitar después del trabajo. Pero cuando se sentó un día a organizar otras cañas vía Zoom, y al ver que había llenado las siguientes cuatro noches de su agenda con reuniones sociales virtuales, se dio cuenta de que realmente no conseguía nada con los videochats. Necesitaba un descanso. Asegura: «Me siento mal por sentirme así. Quiero a mis amigos. Me gusta hablar con ellos». Y lo que es peor, sabe que estas quedadas virtuales se han convertido en un salvavidas para otros en esta crisis: «Parece que cada interacción es cuestión de salud mental. No quiero decepcionar a nadie».



Todo se parece a una reunión

Las videollamadas se han convertido en el sustituto de la vida social perdida de muchas personas, el lugar donde pueden ver a la mayoría de las personas con las que ya no pueden estar. Zoom, FaceTime y Google Hangouts son fáciles de usar. Pero tienen algo que hace que todo parezca una reunión. Durante una quedada de 10 personas en un bar, uno puede iniciar una conversación paralela, alejarse para tomar aire fresco o limitarse a escuchar una conversación mientras toma su bebida.

Las quedadas virtuales eliminan ese espacio adicional y no «suelen dejar tiempo para reflexionar y procesar. Realmente no permiten esas pausas en la conversación que solemos tener mientras damos un paseo con amigos», me dijo por correo electrónico la profesora asistente de comunicaciones la Universidad de Siracusa (EE. UU.) Jennifer Grygiel.

Stacy, que trabaja para una empresa de tecnología educativa conoce ese sentimiento. Solía quedar con amigos varias veces a la semana para jugar a Dragones y Mazmorras. (Al igual que Tarek, Stacy pidió ser identificada solo por su nombre, sin apellidos). En la actualidad, esos juegos físicos también están disponibles online, a través de la misma cámara de su portátil que utiliza para todas sus reuniones de trabajo. El juego sigue siendo divertido, pero le resulta difícil relajarse. Las sesiones de vídeo tienen retrasos; la gente habla a la vez o no habla nadie.

La joven señala: «No siempre conseguimos entender el lenguaje corporal. Así que hay personas que empiezan a hablar a la vez, y luego nadie habla. Solo es ese pequeño detalle de no poder entender ni mirar el lenguaje corporal de otras personas, ese minuto de retraso». Por su parte, Rutledge cuenta: «No tenemos una idea de lo que es ‘normal’ en Zoom cuando solo se usa solo para hablar por hablar. Se trata de un modelo mental de ‘reuniones’ que sugiere que están programadas, duran un tiempo y debemos tener buen aspecto».

Las videollamadas, las llamadas telefónicas y las noches de juegos no sustituirán a los abrazos ni a las comidas en un restaurante. Pero, por lo menos, son herramientas para ayudar a aquellos que se sienten vacíos. 

Tarek se dio cuenta que al desactivar la posibilidad de verse a sí mismo por la cámara durante las clases de Zoom le ayudó a sentir menos como si cada videollamada fuera una entrevista. Rutledge sugiere quitar el vídeo por completo: «En las llamadas telefónicas no hay ninguna restricción de duración, puede ser larga o corta, y podemos caminar, hacer otras cosas y no ser observados». Y podemos limitar el tiempo, ya que según ella: «No pasa nada por colgar».

Para otros, estructurar las llamadas podría ayudar. Grygiel explica: «Las personas pueden intentar cocinar mientras hacen Zoom, o jugar algunos juegos sencillos, para permitir pausas más naturales en la conversación. Algunos también pueden considerar volver a escribir correos electrónicos más largos». Pero también advirtió sobre no volver a escribir cartas: no todos tienen el privilegio de quedarse en casa todo el día y preguntarse cómo mantenerse en contacto con sus amigos online. Mientras algunos gestionan sus compromisos sociales vía Zoom e Instagram, otras personas tienen que estar ahí afuera entregando esas cartas.

Un artículo escrito por Abby Ohlheiser

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