¿Afecta al negocio trabajar con familiares o con tu pareja?

El pasado lunes,  arrancó el día con la noticia de que Steve Easterbrook, CEO de McDonald’s fue despedido por mantener una relación de pareja con una trabajadora de su misma compañía. El suceso ha generado cierto estupor entre el colectivo de autónomos, donde es habitual que “todo quede en familia”.

En España hay 198.552 familiares colaboradores de autónomos y 50.008 familiares de socios cotizando a la Seguridad Social, según se detalla en el informe sobre los Trabajadores Autónomos Persona Física del tercer trimestre elaborado por el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Esto supone que un 12,5% de los 1.978.541 autónomos persona física trabajan junto a sus parientes. “Es probable que la mayoría sean parejas, ya que uno de los requisitos para estar encuadrado en el RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos) como familiar colaborador es convivir en el mismo domicilio” explicó Elena Melgar, socióloga y presidenta de ATA (Federación Nacional de Asociaciones de Autónomos)-Madrid.

Los casos se dan con mayor frecuencia en el sector de la hostelería y la restauración, así como en el comercio, talleres de automóviles, toa clase de asesorías, incluso en despachos de abogados y notarías. También es habitual que la pareja, ya sea el hombre o la mujer, se dedique a las tareas administrativas mientras que el conyuge lleva el negocio. Aunque, tal y como apuntaron los expertos, trabajar en pareja puede ser algo “muy complicado”, si se es capaz de establecer espacios individuales y separar lo profesional de lo personal “puede llegar a ser la combinación perfecta”.

Es el caso de Patricia y Antonio. Se conocieron en la década de los 90 en la Universidad San Pablo CEU, donde estudiaban Ciencias Empresariales, lo que hoy se conoce como Administración y Dirección de Empresas. Iniciaron una relación de pareja y, tras un par de años dando saltos de una a otra empresa en la que hacían labores comerciales y de contabilidad, optaron por emprender. “No encontrábamos un trabajo fijo que nos permitiese iniciar un proyecto de vida en común y decidimos lanzarnos a la aventura” explicó Patricia.

Elaboraron un plan de negocio y abrieron una agencia inmobiliaria en Villalba, una localidad de la sierra noroeste de Madrid. “Compartíamos la misma visión tanto del proyecto como del futuro del sector, que nos apasionaba. Además, teníamos claras las competencias de cada uno. Patricia, que tiene un perfil más analítico, es quien lleva todo lo relativo al desarrollo de negocio y yo me encargo de la parte comercial. Me gusta relacionarme con los clientes, hacer trabajo de campo” señaló Antonio.

En su caso, tener un proyecto de negocio en común no fue un obstáculo en lo personal. De hecho, “nos facilitó la conciliación entre la vida familiar y laboral. Aprendimos a repartirnos mejor las tareas del hogar y, cuando nació nuestro hijo, empecé a trabajar a distancia” comentó Patricia.



También “hay contras”

“Tener las mismas metas y establecer unos roles complementarios multiplica las probabilidades de éxito en los negocios” explicó Enrique Jiménez Soler, coach y presidente de ICU (Internationan Coach University). Ahora bien, no es oro todo lo que reluce. “Compartir los mismos objetivos de forma completa es algo casi imposible, ya que las expectativas no son iguales. Por norma general, hay un miembro de la pareja cuyas perspectivas son más emocionales y otro en el que son de tipo económico” comentó Jiménez Soler.

Por otra parte, aunque –a priori- juntar familia y negocios puede suponer un ahorro de costes, también hay que contar con el riesgo a futuro. “Cuando se une lo personal y lo empresarial, también se expone todo el patrimonio de la unidad familiar”.

De hecho, es aquí donde radican gran parte de los conflictos. “Cuando las cosas van bien, los éxitos se disfrutan conjuntamente pero cuando hay un bache en el negocio es complicado mantener esa línea que separa lo personal de lo familiar. Verse en todo momento impide desconectar de los problemas del negocio” explicó el presidente de ICU.

Además del económico, quienes emprenden en pareja también se encuentran con otro obstáculo: el emocional. “Si se trata de un negocio en el que las relaciones con clientes son el centro de la actividad,  pueden surgir celos tanto personales como profesionales y destruirse la confianza de la pareja” advirtió Jiménez Soler. Además, hay que tener muy claro que “las decisiones tienen que estar consensuadas para evitar reproches”.

En cualquier caso, las parejas que optan por emprender juntas se enfrentan a una doble tensión, la propia del negocio y la emocional. “Normalmente no suelen tener mucho éxito y, muchas veces, acaban en divorcio” comentó el profesor de ICU.

Prohibido enamorarse por contrato

A raíz del caso del directivo de McDonald’s, surge una cuestión: ¿Es legal que un autónomo empleador incorpore una cláusula en los contratos que impida mantener relaciones románticas entre empleados o, incluso, entre trabajadores y proveedores?

Para el abogado laboralista Alberto Ara, la respuesta es “sí”. No obstante, este tipo de cláusulas “suelen ser más habituales en las grandes empresas y, sobre todo, se incluyen en los contratos de alta dirección”. La justificación a este tipo de restricciones se encuentra en posibles conflictos de intereses o abusos de poder entre directivos y subordinados. Lo cual, en opinión de Ara, “carece de sentido”. Es más, la propia clausula podría suponer un acto de “intromisión en la vida privada de los empleados”, lo cual iría en contra del derecho a la intimidad que recoge la Constitución.

No se pueden poner puertas al campo ni tampoco al amor y, a la hora de tomar una decisión de este tipo, “hay que analizar la proporcionalidad de la misma, en base a criterios objetivos como, por ejemplo, si afecta o no a la productividad del trabajador”.

BEATRIZ TRIPER

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