Cuando Twitter vio la luz allá por el año 2006, decidió imponer a sus usuarios un límite de 140 caracteres. Por aquel entonces, cuando los SMS eran aún la norma, los mensajes de texto enviados a través del teléfono móvil podían contener únicamente 160 caracteres. Y la red social del pajarito, fiel a los hábitos comunicativos imperantes hace una década, estableció un límite de 140 caracteres y dejó los 20 restantes para el nombre del usuario.

Sin embargo, y pese a los 140 caracteres son quizás su principal seña de identidad, Twitter está experimentando con una posible ampliación de los 140 caracteres de toda la vida a los 280. ¿Por qué? Supuestamente para dar más flexibilidad a los nativos de lenguas que, por su naturaleza, no se prestan demasiado a la síntesis y que, por ende, hacen sufrir más a sus hablantes a la hora de condensar ideas en apenas 140 caracteres.

Los motivos aducidos por Twitter para ampliar los tradicionales 140 caracteres a los 280 parecen a priori loables, pero ¿tienen de verdad sentido?

¿Acaso no tuitea la gente porque le es imposible resumir lo que revolotea por su cabeza en 140 caracteres? Probablemente no. Y es que no hace falta ni mucho menos ser un acróbata de la palabra escrita para plasmar ideas en 140 caracteres, asegura Frank Behrendt en un artículo para W&V.

Es más, utilizados sabiamente, los 140 caracteres de Twitter resultan incluso excesivos (y sobran). Aun así, y presionada quizás por sus inversores (que no tienen, por cierto, motivos para estar contentos), la red social está pensando en tirar por la borda la que ha sido durante los últimos once años su USP(Unique Selling Proposition).

Y lo está haciendo (paradójicamente) en un momento en el que la relevancia, que debe necesariamente comunicarse de manera sintética, lleva la batuta en todos los ámbitos.

Para ser relevante, recalca Behrendt, no se necesitan ni mucho menos 280 caracteres. Y si realmente los 140 caracteres se quedan cortos, basta con escribir dos tuits o dirigirse a otras plataformas para volcar pensamientos más prolijos y profundos.

Además, no debemos olvidar una cosa: el límite de 140 caracteres de Twitter resulta una estupendísima escuela para aquellos con la mala costumbre de irse por los cerros de Úbeda(mental y verbalmente).

Los 140 caracteres, esos a los que Twitter pretende pegar un tiro en la nuca, son una suerte de presa que contiene a los usuarios habituados a desbordarse (y hasta provocar inundaciones) con sus palabras.

Y es que, subraya Behrendt, para algunos tuiteros (entre los cuales hay algún que otro presidente) 140 caracteres son incluso demasiados (demasiados para dar rienda suelta a su mala baba).

Via: Marketing Directo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *