Los tres pilares en los que se basa el ‘coaching’

Os explicamos qué son y en qué consisten las tres principales principios y fases de cualquier proceso de coaching: toma de conciencia, autocreencia y responsabilidad.

Mucho se suele hablar sobre la figura del ‘coach’, ese asesor que acompaña a muchos altos ejecutivos en su ascensión al éxito o a la hora de resolver sus problemas personales y de carrera profesional. Estos profesionales apuestan por un método de aprendizaje ‘no directivo’, mediante el que se puede alcanzar el máximo potencial del capital humano y desarrollar capacidades de las personas que ni ellas mismas sabían que tenían.

Desde los filósofos socráticos (quienes apostaban por hacer preguntas a sus discípulos para que éstos alcanzaran su propio autoconocimiento) hasta nuestros días, el ‘coaching’ ha formado parte del camino hacia el desarrollo del saber y de las habilidades profesionales. Una labor más que destacable que se basa tan sólo en tres principios básicos.

Tres pilares del ‘coaching’ que son los que dirimen todo el desarrollo personalizado que se produce en cada caso particular. Aspectos que sirven de guía a cualquier proceso de aprendizaje y desde el que se enarbolan el resto de procedimientos y metodologías de un ‘coach’ profesional y que, también, pueden entenderse como las fases que involucra cualquier proceso de esta índole. ¿Cuáles son los principios del coaching? Toma de conciencia, autocreencia y responsabilidad.

1. Toma de conciencia

La conciencia es la noción que tenemos de las sensaciones, pensamientos y sentimientos que se experimentan en un momento determinado. Darte cuenta para identificar los cambios que quieres implementar en tu vida o en el sistema del que formas parte y lograr tus metas“, explican los expertos de la CEREM Business School. “Es la comprensión del ambiente que nos rodea, del mundo interno y de los demás”.

Dicho de otro modo: la conciencia implica adquirir un conocimiento de algo a través de la reflexión, la observación o la interpretación de lo que uno ve, oye y siente. Se puede mejorar por medio de la atención concentrada y la práctica.

Pero también implica la percepción y comprensión clara de la información y los hechos relevantes y la capacidad para determinar qué es lo importante. “Conlleva conocer lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y conocer lo que uno está experimentado o sintiendo, es decir, el conocimiento de sí mismo, reconocer cuándo y cómo las emociones o deseos distorsionan la propia percepción“, añaden los sabedores de esta práctica.

2. Autocreencia

El segundo de los valores clave en esta particular filosofía de enseñanza pasa por la autocreencia. La autocreencia consiste en creer en nosotros mismos y pensar que somos capaces de alcanzar nuestros objetivos.

“Una vez que somos conscientes de nuestra situación es importante creer en nuestras posibilidades para pasar a la acción y cambiar”, explican los expertos en coaching. “Las personas tenemos dentro de nosotras mismas todos los recursos necesarios para tener éxito. Somos como una semilla que contiene en su interior todo el potencial para convertirse en un gran árbol”.

3. Responsabilidad

Pero nada de todo esto es posible si el coachee (el aprendiz) no asume la responsabilidad de su propio proceso de aprendizaje. O, dicho de otro modo, si la persona que se somete al coaching no se da cuenta o no responde a los pensamientos y actos que se le presentan en el camino de su propio crecimiento.

No hemos de olvidar que, por naturaleza, solemos culpar a los demás de nuestra situación y adoptamos una actitud pasiva y de debilidad. Pero es precisamente esa impotencia la que constituye una de las principales barreras en los procesos de cambio. Por eso, en un proceso de coaching el coach apoya, guía y anima a su coachee poniendo a su disposición todas las herramientas necesarias para que pueda generar alternativas que le conduzcan hacia su meta.

Escrito por Alberto Iglesias Fraga

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