Por qué a los emprendedores el optimismo les sale rana (y también carísimo)

Si tenemos en cuenta que aproximadamente la mitad de las empresas de nueva hornada fracasa durante sus primeros cinco años de vida, parece que el optimismo es una cualidad ineludible para quienes se zambullen en las procelosas aguas del emprendimiento.

El positivismo ayuda además a los emprendedores a dar brillo a su propia reputación como líderes y es una suerte de “criptonita” para ahuyentar el fracaso. Quizás por ello muchos fundadores son optimistas confesos (y empedernidos).

Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de Bath, la Universidad de Cardiff y la London School of Economics sugiere que, lejos de azuzarlo, habría que poner coto al optimismo impenitente de los emprendedores.

De acuerdo con el informe, los emprendedores más optimistas ganan un 30% menos que sus colegas más pesimistas. Quienes se dejan embargar por el entusiasmo (hasta el punto de convertir a éste en un auténtico caballo desbocado) están más predispuestos a alumbrar negocios pobremente planteados y condenados, por lo tanto, al fracaso casi desde el principio.

Pese a que la sociedad canta encendidas alabanzas al optimismo, lo cierto es que la otra cara de la moneda, el pesimismo, tiene replegadas en torno a sí un buen puñado de ventajas. Quienes se preocupan (quizás excesivamente) por las cosas están también más alerta para detectar eventuales peligros y atajar la autocomplacencia.

Quienes han sido ungidos por el éxito y tienen expectativas realistas de reencontrarse de nuevo con el éxito corren el peligro de dejarse llevar por la pereza y el exceso de confianza. En este sentido, el pesimismo puede ser un magnífico “cortafuegos”.

Además de ser una excelente preparación para los peores escenarios (que pueden acabar emergiendo perfectamente en el emprendimiento), el pesimismo ayuda a mejorar la memoria, lo cual resulta también extraordinariamente útil para los emprendedores.

Aunque el optimismo es una suerte de culto para muchos emprendedores (en particular de aquellos oriundos del otro lado del charco), parece evidente que sería conveniente templarlo en aras de la anhelada rentabilidad.

Vía: Marketing Directo

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