Los emprendedores «hartos» de la ciudad buscan pueblos en los que crear negocios

Los emprendedores deben volver a los pueblos. Al menos, eso es lo que pretende el Proyecto Arraigo, un programa que pone en contacto a personas «hartas» de la masificación de las grandes ciudades, con las zonas más despobladas de España. El objetivo es juntar a nuevos emprendedores con pueblos que necesitan negocios que den vida a sus calles y servicio a sus habitantes.

El Proyecto Arraigo comenzó hace cuatro años en Soria, uniendo a pueblos con familias. A través de él se han reestablecido más de 200 familias en 50 localidades distintas de la España Vaciada. Desde mayo del año pasado, el proyecto se centra cada vez más en atraer a autónomos. Hasta tal punto que, actualmente, casi la mitad de los interesados en el programa son emprendedores que, o bien tienen un negocio, o bien quieren crearlo allí.

“El interés por el programa no ha dejado de crecer en los últimos años. De hecho, hemos notado un incremento de entre el 15% y el 20% de las solicitudes tras la alerta sanitaria”, dijo Enrique Martínez, creador del Proyecto Arraigo. Martínez explicó que el interés por las zonas despobladas ha crecido en los últimos meses, tras el periodo de confinamiento, porque “la gente se ha hartado de estar encerrada en un piso”. Ahora buscan zonas menos masificadas y vacías en las que poder vivir, teletrabajar, trasladar su negocio o, incluso, crear uno.

Para él, la clave del éxito del programa está en el acompañamiento que realizan tanto para el pueblo, como para el emprendedor o la familia. “Ambos tienen que cumplir unas condiciones: las localidades deben apostar por la entrada de gente nueva, y a los interesados tiene que gustarles la vida en el mundo rural. Ambos tienen que estar involucrados en el procedimiento, porque no se puede iniciar un proyecto de arraigo y de re-población de zonas si no existe un interés mutuo”. Es casi como, según describieron los diferentes técnicos del programa, «una relación sentimental».

Precisamente, fue éste uno de los fallos que tuvieron al principio, pues ‘Arraigo’ comenzó siendo un programa más independiente. Pero pronto se dieron cuenta de que para unir a pueblos vaciados con forasteros es necesario tener el apoyo desde dentro -el Ayuntamiento, por ejemplo-, que es quien conoce la zona, las oportunidades de negocio y las necesidades de la localidad. Por eso, ahora el Proyecto Arraigo sólo está presente en los pueblos que lo solicitan. En estos momentos, están trabajando en la zona de Soria, Zaragoza, Huesca, Burgos y Madrid.

Así funciona Arraigo para los emprendedores

Una vez localizadas las zonas interesadas, llega el momento de buscar las familias, de buscar a los emprendedores. Es ahí donde entra el juego la encuesta. Para acceder al programa es necesario rellenar previamente un cuestionario. Hay dos, uno para las familias y otro para los emprendedores. Es el primer paso para formar parte del programa y es determinante, ya que es muy exhaustivo. La encuesta es el primer filtro que pasan los ‘urbanitas’ para ver si están listos para emprender y vivir en un pueblo.

Isabel Catalán es la técnico de emprendimiento e innovación del Proyecto Arraigo. Ella es la persona encargada de analizar todas y cada una de las encuestas que llegan a través del cuestionario para emprendedores. Habla con ellos, comprueba si son ciertas sus intenciones de crear un proyecto en un pueblo y si están preparados para asumir el reto que supone. Si es así, se ponen ‘manos a la obra’ para encontrar la localización donde ese negocio tendría más posibilidades.

“Es un proceso muy largo en el que se tienen que alinear muchos factores. Si es complicado asentar a una familia en un pueblo, imagina un negocio. La labor es aún mayor”, dijo Catalán. Por eso buscan “gente capaz de emprender, que tenga los recursos, un proyecto viable y un colchón económico para llevarlo a cabo”.



Desde vender audífonos hasta snacks para perros

A juicio de Catalán, las zonas rurales tienen un ilimitado número de oportunidades, sólo necesitan a un emprendedor capaz de sacarles partido. “Muchas de las zonas en las que estamos, son localidades maravillosas, que tienen aún muchas posibilidades de explotación. Y lo que ocurre es que la gente que vive allí, está tan acostumbrada a lo que le rodea, que no es capaz de ver que pueden sacar, por ejemplo, mucho partido a las vistas a ese valle que tienen enfrente con una casa rural», comentó la técnico.

Desde Proyecto Arraigo no disponen aún de datos concretos de emprendedores que se han desplazado hasta un pueblo. Sin embargo, sí hay muchos casos de profesionales por cuenta propia que han decido irse a vivir a un pueblo y teletrabajar. “Conozco el caso de una profesional experta en finanzas, que estuvo trabajando toda su vida en una gran compañía y le despidieron a través de un ERE. Pues bien, ha cogido y se ha venido a vivir a un pueblo. Desde ahí lleva una asesoría online para ayudar a gente a encontrar hipotecas”.

Como ella, son varios los casos de autónomos  – también de asalariados- que se han desplazado hasta los pueblos a vivir. “El fomento del teletrabajo ha propiciado que se vayan a estas zonas psicólogos, periodistas o asesores, que pueden desarrollar su actividad online”.

Sin embargo, Catalán reconoció que, por el momento, son muy pocos los nuevos negocios que han surgido a través del Proyecto Arraigo. La mayoría están en “vías de” ponerse en marcha. Contó que hay varios proyectos de relevo generacional en el sector de la hostelería: “son bares y restaurantes de toda la vida, situados en la plaza del pueblo que funcionan, pero que van a cerrar porque los dueños no tienen a nadie a quien dejárselo”. También comentó que están finalizando con una emprendedora la puesta en marcha de una empresa de snacks para perros.

Luego también tienen muchos proyectos pendientes sobre todo lo que tiene que ver con el turismo sostenible o la asistencia y servicios para la tercera edad. «De hecho, ahora estamos analizando las diferentes localidades y comarcas para ver dónde podría tener más éxito una tienda de audífonos. Arraigo ofrece eso precisamente: comprobar si ese proyecto tiene sentido en la zona para que, a base de trabajar con los agentes clave (el ayuntamiento y las asociaciones de la zona), se consiga abrir un negocio fructífero que de vida al pueblo” insistió Catalán.

También comentó que hay mucho interés por todo lo que tenga que ver con los productos naturales y la cosmética natural.

¿Cuánto cuesta emprender en un pueblo?

El Proyecto Arraigo funciona a través del impulso económico que dan los pueblos al programa, pero en los casos en los que el análisis de la zona o del proyecto de emprendimiento requiera un esfuerzo mayor – como por ejemplo, el estudio de mercado de los audífonos – se le cobra una tarifa de 150 euros al emprendedor-.

En este sentido, Catalán comentó que muchas de las personas que se interesan por el Proyecto Arraigo, bien para vivir en un pueblo, bien para crear un negocio, tienen una idea completamente alejada de la realidad. “Las casas y los locales en un pueblo siguen teniendo un precio. Uno menor que en las grandes ciudades, pero no son gratis. Hay gente que nos ha llegado diciendo que con 50.000 euros querían comprar una casa”.

Los costes de alquileres, del establecimiento y de la casa seguirán estando ahí, aunque el emprendedor se desplace hasta una zona despoblada. Éstos varían mucho en función de la zona escogida. Así, por ejemplo, el alquiler en pueblos de la zona norte de Madrid puede rondar los 400 o 500 euros, mientras que en la provincia de Zaragoza estaría entre los 200 o 300 euros. “Los locales, por ejemplo para una peluquería, también rondarían los 250 euros. Luego hay naves que salen a licitación y que están muy baratas: 200 euros”.

Los emprendedores, “la sabia” que necesitan los pueblos

La técnico de emprendimiento del Proyecto Arraigo, Isabel Catalán, incidió en el hecho de que el mundo rural necesita “emprendedores de segunda generación”. Es decir, personas que quieran de verdad iniciar un proyecto por cuenta propia, no que utilicen el emprendimiento como refugio. “Hay gente que lo está pasando mal y lo ven como una salida. Pero tienen que entender que el campo lo que necesita es gente con ideas y con recursos”. Afirmó que muchos de los solicitantes no cumplen de verdad con las cualidades necesarias para emprender, y se les recomienda entonces buscar trabajo como asalariados: “también hay zonas en el campo que necesitan a empleados”.

En definitiva, lo que necesitan los pueblos es “gente que dinamice y que genere. No sólo un negocio, sino una actividad que dé vida. Gente con actitud emprendedora y con ganas de generar sinergias. Los emprendedores pueden ser esa sabia que necesitan los pueblos para su reactivación”.

Puso de ejemplo el caso de una autónoma de Ibiza que se iba a jubilar y que tenía pensado venir a un pueblo. “Va a crear una asociación de mujeres con cáncer. Ella no va a emprender, pero es una dinamizadora nata para el mundo rural. Es gente que va con ganas de hacer cosas y eso tiene un valor incalculable para el campo. El desarrollo de la España Vaciada está en poder combinar la gente de allí de toda la vida, con gente con ganas de hacer cosas”, reflexionó la técnico.

Encajar emprendedor y familia en un pueblo

Todos los técnicos del Proyecto Arraigo insisten en la lentitud del procedimiento porque el hecho de encajar a un emprendedor y una familia en un pueblo, es algo así como el inicio de una relación amorosa. “Tienen que enamorarse ambos. A partir de ahí, tiene que nacer una relación basada en la confianza”, expresó Juan Martínez Rodríguez, responsable técnico del Proyecto Arraigo. Él se encarga, especialmente, de unir a familias con las localidades.

Martínez explicó que para que la adaptación de una familia o un negocio sea un éxito es necesario trabajar con los grupos de acción locales: “Es la gente de los pueblos quien tiene la información. Quién sabe qué casas están de alquiler o qué tipos de negocios pueden funcionar”. Se trata de un proceso que no es sencillo. “Cuando entramos a un pueblo, lo primeo que hacemos es concienciarlo. Decírselo a los vecinos, que la gente lo oiga, que se anime y que se interese por nosotros. Cuando una persona se anima a alquilar una casa a un forastero y le va bien, luego es más fácil que otros habitantes se animen a hacer lo mismo. Pero hay que sentarse y hablar mucho con la gente”.

Además, comentó que están llevando a cabo también proyectos de vivienda compartida o, incluso, negociando para que la gente del proyecto pueda vivir en la casa del cura. “Hay muchas casas de párrocos que están sin usar, porque hay comarcas en las que hay un solo cura para diez pueblos», contó.

Por último, Martínez señaló que Proyecto Arraigo se ha convertido en el cambio de vida para muchas personas: “Desde familias con hijos pequeños que buscan espacio y naturaleza, hasta jubilados que quieren una mejor calidad de vida, pasando por personas que quieren dar un giro  y emprender y, por supuesto, para gente que es habilidosa, como un mecánico, y que se hunde en la jungla de las ciudades haciendo frente a la competencia y a los alquileres caros”.

IVANA HARO

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