La autoestima viene después del trabajo bien hecho

Uno de los pilares que influyen sobre nuestra dinámica de comportamiento es la autoestima. Así, esa forma de sentirnos que tenemos frente a la imagen que manejamos de nosotros condiciona las metas que elegimos, las relaciones que cuidamos o la intensidad de nuestras emociones.

La autoestima viene después del trabajo bien hecho; no es una lotería que puede tocar alguna vez, es el fruto de una disposición personal. Cuando buscamos un resultado, tenemos que entender que eso conlleva un proceso.

Uno de los pilares que conforma la personalidad humana radica en la autoestimaAbraham Maslow en 2009, señaló que requerimos de la estima y el respeto que nacen de nosotros mismos, en forma de autoestima, y los que provienen de otros, en forma de estatus, reconocimiento o éxito social.

Cuando carecemos de autoestima, nos sentimos inferiores, indefensos y desalentados y no confíanos mucho en nuestra capacidad para manejar las cosas. Solemos malgastar nuestros esfuerzos en dirigir la atención a comparaciones externas, enfocando nuestros pensamientos y acciones para nivelarnos.

Considerada como actitud (García, Cermeño y Fernández, 1991), es la forma habitual de percibirnos, de pensar, de sentir y de comportarnos con nosotros mismos. Tiene mucho que ver con cómo nos enfrentamos a nosotros mismos y evaluamos nuestra propia identidad.

En primer lugar, hablar del componente cognitivo en autoestima es hacer una distinción entre lo que se entiende por autoestima y lo que se entiende por autoconcepto. El autoconcepto se define como la imagen que tenemos de nosotros mismos en las dimensiones cognitivas, perceptuales y afectivas.

El autoconcepto estaría asociado a la representación que tienen las personas de sí mismas. La autoestima en cambio, se entiende como la valoración positiva o negativa que la persona hace de su autoconcepto, incluyendo las emociones que asocia a ellas y las actitudes que tiene respecto a sí mismo.

«La realización personal no se limita al placer».

La autoestima viene después

Tener objetivos que perseguir, fijarse metas y luchar por ellas está íntimamente relacionado con el bienestar y la salud mental. Fijar objetivos repercute de manera positiva otras áreas de nuestra vida y nos permite controlar aspectos psicológicos importantes como la atención, la autoconfianza o a la motivación.

Uno de los principales motivos o síntomas de una depresión es la pérdida de ilusión e interés por objetivos vitales. El Dr. Ellis afirma que los problemas de autoestima nacen de ciertas formas de pensar, llámese irracionales, ilógicas o autodestructivas.

A veces, nuestra forma de pensar contiene frases ilógicas que atentan contra la autoestima. Algunas de estas creencias genéricas e irracionales son:

  • Creer que debemos ser competentes y eficaces en todo.
  • Tenemos que ser amados y tener la aprobación de todas las personas importantes de nuestro entorno.
  • Las cosas que ocurrieron en el pasado son determinantes en nuestra conducta actual y futura porque siempre influirán de manera definitiva y nos volverán a ocurrir.
  • Es más fácil evitar que enfrentarse a las responsabilidades y los problemas de la vida.
  • Las desgracias humanas se originan por causas externas y no podemos hacer nada o casi nada para evitar o controlar la pena y el sufrimiento que nos producen.

La intervención sobre la autoestima no es sencilla; a favor tenemos su naturaleza dinámica y sensible, por lo tanto modificarla a nuestro favor se convierte en un ejercicio de precisión. Asimismo, es el resultado de una serie de acciones, hábitos y aptitudes y por lo tanto es adquirida.

«La autoestima es la reputación que adquirimos de nosotros mismos».

-Nathaniel Branden-

La autoestima baja es como conducir por la vida con el freno de mano puesto

Lo que está por delante y por detrás de nosotros no es más importante que: lo que llevamos dentro y cómo vemos eso que llevamos dentro -y con lo que nos definimos-. La calidad de vida está influida la autoestima -implica cómo cada persona se percibe y se valora así misma, lo que modula su comportamiento a nivel familiar, social e individual-.

Un bajo o alto nivel de autoestima afecta a nuestra relación con los demás y se reflejará en la dimensión social y en nuestras las habilidades que despleguemos para enfrentarnos a diferentes desafíos.

En conclusión, tener un nivel de autoestima bajo nos hace sentir incapaces, entrando en un bucle negativo por mecanismos autodestructivos, como sentimientos negativos, ideas obsesivas, ideas erróneas que interpretan el pensar y sentir de los demás. En definitiva, nos hace menos funcionales y precisos.

«Usted mismo, tanto como cualquier otro en el universo entero, merece su amor y afecto».

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Fátima Servián Franco

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