El Techo de Cristal de la Microempresa

Se habla mucho, y con razón, del “techo de cristal” que impide a las mujeres acceder a puestos de alta responsabilidad en las empresas. Se utiliza este término para referirse a algo que, aunque no se ve (por eso lo de “de cristal”), podemos deducir su presencia por los resultados (en este caso, por el reducido número de mujeres que llegan a los puestos más altos).

Análogamente, y de interés más inmediato para los emprendedores y pequeños empresarios, existe un “techo de cristal” referente al crecimiento y facturación de la microempresa.

Este techo de cristal tiene algunas características en común con el otro: es invisible, como lo es el otro, y de igual manera, se “ve” (o más bien se infiere) por los resultados. Comparten además la gran dificultad que existe para luchar contra él, por no ser algo acordado ni decidido racionalmente, sino que obedece a una manera inconsciente de conformar e interpretar la realidad.

El techo de cristal de los emprendedores y pequeños empresarios tiene, además, una característica muy peculiar: a diferencia de lo que ocurre con el otro techo, en el que la percepción de la sociedad y de los otros es lo que principalmente configura este límite, en el caso de los propietarios de microempresas es un techo, un límite, que se lleva grabado en la propia estructura psicológica y hace que no me permita a mí mismo superar un límite de éxito. Dónde se sitúa este límite varía y tiene mucho que ver con mi auto-imagen. Y esta autoimagen procede parcialmente de nuestro temperamento y parcialmente de nuestra experiencia y educación.

Una parte de este efecto lo denominé hace tiempo el “síndrome del autónomo”, pues fue en ese ámbito donde lo observé inicialmente. Me di cuenta de que las personas que se ponen por su cuenta logran, mediante mucho esfuerzo, llegar a cubrir sus necesidades económicas inmediatas, normalmente, ¡pero no más! Es decir, que generan, de la nada, por así decirlo, el suficiente dinero que les permite llegar a fin de mes, pero normalmente no mucho más, ni mucho menos. Lo curioso de este síndrome es que es independiente de cuál sea la cantidad, y además, puede fluctuar si varía la auto-percepción de lo que constituyen mis necesidades.

Por ejemplo, si tienen unos gastos mensuales de 1.500€ siempre estarán llevándose limpios aproximadamente esta cantidad. Ni mucho más, ni mucho menos. Pero si por algún motivo (una enfermedad, un gasto nuevo, una inversión) necesitan ganar más – digamos 1.000€ más, se las apañarán para hacerlo. En cuanto desaparezca la necesidad, y sus gastos fijos vuelvan a bajar, su nivel de ingresos se reducirá nuevamente… sin que ellos hagan un cambio consciente de su esfuerzo laboral. Lo que cambia es su percepción de lo que “necesitan”.

Esto que comento está a la vista de cualquiera si se hace una pequeña reflexión. En mi trabajo he visto ya en numerosas ocasiones cómo incluso clientes que han logrado que su negocio crezca y ahora tienen unos cuantos empleados, facturan el triple que cuando empezamos, por ejemplo, y comienzan a “volar”, se pone en acción un mecanismo de auto-sabotaje que los impele a descuidar lo que han aprendido, no hacer caso de señales que ya habíamos identificado, o – simplemente – comienzan a perder la motivación, y poco a poco entran en un bucle que los mantiene en la zona de “ni gano, ni pierdo” de manera indefinida.

A mi modo de ver, esto está relacionado con el hecho de que la persona acarrea una mentalidad de “trabajador” (es decir que trabaja para vivir, comer, etc.) y no una mentalidad de “empresario”, que le permita entender que está generando un negocio, con valor propio.

¡No es mi culpa!

Por supuesto, como ocurre en el caso de los autónomos, los pequeños empresarios que se ven atrapados en este bucle, encuentran – sin ninguna dificultad – un montón de razones externas de por qué no les va tan bien como podría irles: la economía, la competencia, la falta de tiempo (esta siempre me ha parecido muy curiosa), los bancos, los políticos, los empleados que no trabajan bien o no tienen la actitud adecuada, las dificultades para generar liquidez, los clientes que “sólo quieren comprar por precio”…

Para decir esto, han de olvidar que en esas mismas circunstancias, y en este mismo momento, otras pequeñas empresas sí están logrando ser exitosas. Sus dueños se llevan más dinero a casa, se pueden tomar vacaciones, pueden atender mejor a sus familias, y tener más libertad.

Es decir, que si en las mismas circunstancias, otros sí lo logran… parece claro que
no son las circunstancias.

A mi modo de ver, y en mi experiencia con mis clientes, esto tiene sobre todo que ver con la mentalidad que traemos al trabajo: no es suficiente “ponerse por su cuenta” para obtener una mentalidad empresarial.

¿Y qué quiero decir con “mentalidad”? Todos tenemos implícitos una manera de interpretar lo que ocurre y unas creencias sobre lo que es “adecuado” para nosotros mismos. Si no tuviese connotaciones algo delicadas y con las que hay que tener cuidado, casi me atrevería a decir que tenemos creencias sobre lo que nos “merecemos”. El caso es que, nos digamos lo que nos digamos, cargamos con un fortísimo filtro que nos sirve de termostato para que nunca estemos demasiado “arriba” (ganando muchísimo más dinero del que estamos habituados a ingresar, lo que nos generaría mucho estrés), ni demasiado “abajo” (sufriendo dificultades y penurias que no creemos que son parte de nuestra realidad).

¿Estás tú bajo el influjo del “techo de cristal del pequeño empresario”?

Qué pistas te pueden decir si una persona (¿quizá tú mismo?) se encuentra en esta situación de estarse deteniendo a sí misma:

  1. Se rodean de personas en la misma situación (lo que los ratifica en que la responsabilidad no recae en ellos). Incluso nos rodeamos de personas con las que compartimos una dificultad percibida como diferente o especial (ser mujer, o madre, o extranjero, o tener alguna característica que creo que me dificulta y justifica mi falta de éxito), a modo de “apoyo”. La tendencia a verse ratificado y confortado, aunque es muy tentadora, te permite desviar la atención de lo importante: sacar tu negocio adelante.
  2. No tienen conocimientos técnicos empresariales (finanzas, conceptos de marketing, de modelos de negocio, de procesos). En ocasiones saben que son necesarios, pero posponen hacerse con ellos (suelen decirse que no tienen tiempo).
  3. No suelen saber “exactamente” cómo va su empresa: márgenes brutos, netos, punto de equilibrio, objetivos de venta, líneas de producto más y menos exitosas, KPI. A veces pueden tener “una idea”, pero no lo saben con exactitud. Imagínate un capitán de barco que tiene ese grado de concreción sobre dónde va y cuándo ha llegado a su puerto. Pues eso.
  4. No suelen tener objetivos específicos, concretos, medibles y con fechas, para los siguientes 6-12 meses. (Aunque sí suelen tener “ideas” de “dónde quieren llegar” de manera difusa y emocional).
  5. Tienen resistencias a hacer tareas (es decir, les desagradan) y no las hacen. Vencer las resistencias no siempre es fácil, y no siempre se puede hacer solo. Si necesitas ayuda, búscala, pero lo primero que necesitas hacer es aceptar que esto que estás posponiendo se tiene que hacer y mejor hoy que mañana. Y que puede haber algo “inconsciente” que me hace tropezar constantemente (o dicho de otra manera: con lo que me hago tropezar).
  6. Networking con “los mismos” – Cuando van a hacer “networking” o reunirse con otros empresarios, lo suelen hacer con personas en situaciones y niveles de desarrollo similares al suyo. Esto sólo hace que se ratifiquen los hábitos y costumbres que los mantienen en el mismo nivel.
  7. Suelen tener un concepto “idealizado” muy dañino, que a veces formulan explícitamente y otras no. Y es el siguiente: “Lo importante es hacer tu trabajo bien (refiriéndose a su producto o servicio), y el éxito vendrá”.Esta idea es uno de los lastres más pesados que impide crecer al autónomo y al pequeño y micro empresario, pues los ratifica en su creencia inconsciente de que no hace falta fijar su atención en los aspectos empresariales, sino en hacer un buen producto.La historia del mundo empresarial está llena de productos de superior calidad que fueron sacados del mercado por productos inferiores técnicamente, por una empresa que supo comercializar mejor su producto.

Antídotos para las 7 características que mantienen en su sitio el Techo de Cristal

¿Qué puedes hacer, si te ves reflejado en estos casos? Lo primero es recordar que sean cuales sean las circunstancias, hay empresas (o profesionales) similares que sí logran tener éxito. Esto te ayudará a comprender que depende de ti y por lo tanto puedes hacer algo al respecto. A continuación, propongo un antídoto para cada una de las 7 características que te pueden estar lastrando.

  1. Rodéate de personas que no hablen de “lo mal que está todo” ni de lo “difícil que está todo”. Ya sé que esto es muy complicado, pero al menos no participes en las conversaciones, ni atices el fuego de la queja y la charla derrotista y simplista. Busca ejemplos de personas que superaron dificultades, lee biografías, mira videos, escucha historias de éxito. Lo que nos mueve realmente es la emoción (por eso nos enganchamos a hablar en negativo, nos genera una emoción muy fuerte).  Busca la emoción en la superación, no en la queja. Busca la emoción que te haga querer ponerte en marcha, no la que te agote en quejarte de algo que crees que no puedes cambiar. Aunque lo que los demás hagan no depende de ti, esto sí lo puedes hacer.
  2. Adquiere los conocimientos técnicos de tu profesión: empresario. No puedes desempeñar bien tu profesión, si no conoces sus herramientas.  Lo primero que quizá necesites hacer es aceptar que, una vez que te pones “por tu cuenta”, has cambiado de profesión y ahora eres empresario (te apetezca o no). Cuanto más tiempo lo pospongas, más tardarás en salir adelante. Aquí encontrarás un artículo al respecto.
  3. Oblígate a conocer la información concreta de cómo va tu empresa. El rumbo de tu empresa se ve sobre todo por los resultados financieros. Es lo que dice la verdad sobre cómo va tu proyecto. Facturación, punto de equilibrio, margen bruto, margen neto, etc. Y cuando tengas esta información, recuérdala y tenla en cuenta a la hora de decidir qué haces cada día. No es información porque sí, sino para guiarte.
  4. Fíjate objetivos específicos medibles, es decir SMART a largo, medio y corto plazo. Tenlos en cuenta a la hora de organizar tu día.
  5. Busca un sistema de gestión de tu tiempo y tu actividad y comprométete a seguirlo. Si hay tareas que te cuestan y te resistes a ellas, utiliza el método de tragarse el sapo.  La principal diferencia entre quienes tienen éxito y quienes no lo tienen es que los primeros hacen las cosas que los segundos no hacen. Así de sencillo.
  6. Busca el contacto con personas que tengan un nivel de desarrollo empresarial o personal algo mayor que el tuyo. Estar cerca de personas con la mentalidad que quiero conseguir es la manera más eficaz, rápida y segura de comenzar a desarrollar esa mentalidad yo mismo.  Puede ser hablando con alguien que conozcas que tenga una empresa de éxito y la esté llevando bien. O relacionándote con gente que haya superado alguna situación o característica que tú consideres que te está bloqueando. O puede que busques un mentor, o un coach, pero cerciórate de que sean personas que no sólo se dedican a decir a los demás las cosas que han leído, sino que ellos mismos son exitosos en su trabajo. No estás buscando principalmente información, sino contacto con una mentalidad similar a la que quieres desarrollar.Y el éxito no es sólo que tu empresa haga muchísimo dinero. El éxito puede ser también poder ganar la cantidad de dinero que quieres con tranquilidad y con poco esfuerzo, o que tu familia esté cubierta y con dinero en el banco y tener las tardes libres para estar con ellos. Poderte tomar tiempo libre cuando quieres, sin que tu economía se vea perjudicada, etc.

    Define tu idea y concepto de éxito.  Sin la mentalidad adecuada, es IMPOSIBLE conseguir ser exitoso. Yo soy, siempre, el único enemigo que tengo que superar. Para tener éxito, tengo que creerme que me lo merezco y luego actuar en consecuencia.

  7. Acepta que el producto que estás creando es TU EMPRESA. Un producto que adquirirá un valor en el mercado en tanto que producto. Un producto – tu empresa – que tendrías que poder vender (aunque no hace falta que lo hagas, claro). El servicio o producto que produces a través de tu empresa es un medio para tu éxito, para la consecución de tu objetivo empresarial, y no el objetivo principal de tus desvelos y atenciones.

La Clave es Cómo Piensas

Romper el techo de cristal del que hablaba al principio, ese que impide a las mujeres acceder a puestos de trabajo de alto nivel, precisa que la sociedad en su totalidad vaya poco a poco cambiando de mentalidad. Y esto supone un esfuerzo y un trabajo prolongados y mantenidos y no depende de lo que uno pueda hacer individualmente.

Sin embargo, si te encuentras en la situación que he descrito, como pequeño empresario, sí puedes hacer algo para superar ese techo de cristal. La clave está en atacar la raíz del problema: Cómo piensas. Qué mentalidad tienes.

Tu Mentalidad es lo que te mantiene atado a tu lugar actual. La mentalidad no se puede improvisar: hay que ir trabajándosela. Quizá estas sugerencias te ayuden a acercarte a ello.

Ahora quizá entiendas mejor por qué se dice que:
tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, tienes toda la razón.

Un artículo publicado en La Mente del Emprendedor

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