No soy una pyme, soy una startup

Cada vez es más habitual hablar de startup para referirse a cualquier empresa de nueva creación. Algunas otras personas restringen el uso de este tipo de pymes a aquellas que cuentan con un alto componente tecnológico. Sin embargo, se trata de un concepto tan de moda que cada persona lo quiere utilizar para su propio negocio.

Sin embargo, no todas las empresas de nueva creación se tienen que considerar como startups, ni siquiera aquellas que dependen casi por completo de la tecnología para subsistir. Es más, hay incluso empresas consolidadas que podrían considerarse también como startups.

Para muchos expertos, una startup es una empresa (no necesariamente pequeña) que basa su trabajo en el estudio y desarrollo de un producto con un claro índice de innovación, aportación de valor o solución de problemas de un sector. Por esta razón, muchas veces se consideran a empresas como Google, Apple, Facebook, Amazon o Microsoft como startups, a pesar de que son las empresas con mayor capitalización del mundo.

Además, una startup es una empresa que crece de una forma mucho más acelerada que las empresas de su sector, generalmente porque cuenta con un apoyo financiero mucho más robusto. De hecho, a los ojos de un inversor que busca rentabilidad para su capital, una startup constituye un riesgo, pero todo un desafío que les puede hacer millonarios.

¿Cuándo deja de ser mi empresa una startup?

Sin embargo, las startups no son para toda la vida. A pesar de que hay empresas que seguirán siéndolo (como las mencionadas anteriormente), la mayoría dejará de serlo pronto. Pero, ¿cuál es ese punto? Expertos como Marek Fodor han definido cuáles son las características de una empresa que ha dejado de ser una startup.

El primero de estos factores es cuando la empresa alcanza el break-even point, es decir, cuando gasta lo mismo que ingresa (ni más, ni menos). También deja de serlo cuando la empresa ha contratado una o varias secretarias, la mayoría de empleados trabaja más de 8 horas y media diarias o la fuente principal de inspiración son las ideas lanzadas por la competencia.

Además, también con el hecho de que los fundadores o jefes tengan despachos independientes del resto del equipo y que la oficina siga funcionando igual (o mejor) cuando ellos no están que cuando sí.

Evidentemente, esta lista se basa fundamentalmente en elementos organizacionales más que económicos, de modo que hay que cogerla con pinzas. No obstante, en lo que se resume esta lista es que una startup deja de ser considerada como tal cuando adquiere todos los vicios del resto de empresas.

Un artículo escrito por Diego Lorenzana

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