El imparable avance del comercio electrónico obliga a renovar las normativas fiscales de Europa

La llegada de Amazon Alibaba a Europa no solo ha cambiado nuestros hábitos de consumo. Estos gigantes del comercio electrónico se han situado en el centro de la polémica al ser acusados de no pagar suficientes tasas e impuestos.

El 2019 ha traído consigo el anuncio por parte de la Agencia Tributaria de una intensificación de sus controles sobre las nuevas actividades derivadas de estas empresas del mundo del comercio electrónico.

Un paso necesario para cada vez un mayor número de voces que consideran como necesario modificar la fiscalidad por la que se rigen estas plataformas.

“Hay una situación de competencia ventajosa del mundo digital respecto al mundo analógico”, explica en el diario El MundoDaniel Vaccaro, profesor de fiscalidad en EAE Business School.

Vaccaro destaca que muchas de las compañías del sector e-Commerce ubican su sede fiscal en países que cuentan con una tributación más baja (Irlanda u Holanda, por ejemplo) que la existente en los mercados en los que operan.

Las empresas de e-Commerce sí pagan impuestos

“Eso no significa que no paguen impuestos. Los pagan. El problema es que las normas fiscales van por detrás de la realidad, que avanza mucho más deprisa, y más con la explosión que está habiendo del e-Commerce. De ahí que se quiera poner orden”, destaca al respecto Fernando Matesanz, experto en IVA consultado por El Mundo.

Matesanz señala que la venta a distancia se asienta sobre un “entramado muy complejo”, como consecuencia de todos los actores que se ven implicados. Ahí radica en sus palabras la “necesidad de cambiar las normas para controlar más a estas plataformas”.

Para comprender mejor lo expuesto, vamos a tomar como referencia el ejemplo ofrecido en la citada cabecera por Juan Camilo Sánchez (despacho Garrigues).

Tomamos como referencia un fabricante de cuadernos cuya sede radica en China. Este vende uno de sus productos a un consumidor español que lo adquiere a través de Amazon.

“El fabricante pagaría primero una tasa de exportación. Amazon cobraría comisión por hacer de intermediario, por anunciar sus cuadernos. El IVA lo pagaría el fabricante, pero lo repercutiría en el cliente, aplicando la tasa española, la del país del que compra”, explica Sánchez.

Cabe señalar que todas las compañías de comercio electrónico pagan la tasa directa por la que se grava a las empresas sin tener en cuenta si cuentan con tiendas física o la venta de sus productos se produce a través de internet.

“Cuando una empresa está en el exterior y tiene un establecimiento permanente en ese país, se aplica sobre los beneficios atribuibles a ese espacio, siempre que se haya constituido como tal una empresa, dependiente de la matriz, en ese lugar”, resume Sánchez.

Una perspectiva que se completa con las palabras de Vaccaro. El principal problema en términos de fiscalidad que reportan las empresas de comercio electrónico reside en que no están tributando con la citada tasa de los países de gran consumo.

“Tienen localizados la mayor parte de sus beneficios en países con una fiscalidad más ventajosa”, recalca Vaccaro.

Matesanz explica al respecto que las plataformas de e-Commerce están pagando impuestos tanto en el país que venden como en el que ubican su sede fiscal. El problema reside en que la mayor parte de los beneficios se asignan a los países en los que la tributación es más baja como es el caso de Irlanda.

En los países en los que la tributación es más alta como es el caso de España, estas compañías reducen lo máximo posible sus beneficios. Declaran que en estos países realizan actividades que son consideradas como accesorias al negocio tales como oficinas de representación o servicios relacionados con la publicidad.

“Teniendo en cuenta que el impuesto de sociedades se paga sobre los beneficios obtenidos, es aquí donde radica el problema”, resume Matesanz.

¿Existe un problema con el pago del IVA?

Este es uno de los impuestos que mayores preocupaciones ha despertado ante el avance del comercio electrónico.

Retomando las palabras de Matesanz recogidas por El Mundo, el problema ante este impuesto es que “las plataformas de e-Commerce no se responsabilizan de que sus vendedores tributen esta tasa”.

Actualmente es el vendedor el que tiene la responsabilidad de pagar el IVA y no la plataforma.

Continuamos con el ejemplo de Amazon. Si el artículo se ha vendido en España es el IVA español el que se le aplica. La compañía de Jeff Bezos obtiene una comisión por las ventas que ronda el 7% en función de cada caso que se contabiliza de forma normal.

En caso de que la venta se realice a un particular, el IVA será aplicado tomando como base la tasa que rige el país en el que se encuentre el que vende.

“A la hora de determinar el impuesto hay muchos matices. Depende de quién vende, de si la operación es de venta a particulares o entre empresarios y del importe de la venta”, explica al respecto el experto de Garrigues.

Hay que señalar que el principal problema ante esta situación es que en ninguno de los casos las compañías de e-Commerce tienen la obligación de responsabilizarse del IVA de sus vendedores.

¿Cuáles son las pérdidas?

Los últimos cálculos realizados apuntan a unas pérdidas anuales como consecuencia del agujero negro del IVA de 15.000 millones de euros en la Unión Europea.

Matesanz deja claro ante este dato que no sólo se contemplan las pérdidas por no pagar el IVA. Al respecto indica que, en muchas ocasiones, las empresas no lo pagan por “desconocimiento”, al no saber cuál es el IVA con el que tienen que tributar.

Con el objetivo de poner fin a esta situación la normativa europea al respecto ha iniciado su proceso de renovación. Es por esto que a partir de 2021 serán las plataformas de e-Commerce las que tengan la responsabilidad de recaudar este impuesto y entregarlo a los países a los que les corresponda.

En El Mundo señalan que algunas fuentes del sector han explicado que Amazon, ante esta situación, ha comenzado a avisar a algunos de los vendedores asiáticos con los que trabaja para ponerles sobre aviso en relación a la nueva normativa.

Incluso el gigante del comercio electrónico podría estar realizando una criba para descartar posibles contratiempos ante la cercana entrada vigor de las nuevas leyes en el viejo continente.

La necesidad de aumentar la exigencia

Vaccaro no duda a la hora de expresar que los gobiernos tienen que ser mucho más exigentes ante el floreciente negocio del comercio electrónico.

Señala que estamos ante unas empresas que no se limitan únicamente al e-Commerce. Estas ofrecen servicios cada vez más transversales extendiendo sus tentáculos a cada vez más áreas entrando en juego las normas de competencia en los distintos sectores.

“Amazon paga todos los impuestos que se requieren en cada país donde opera. El impuesto de sociedades tiene en cuenta los beneficios, no los ingresos, y los beneficios se han mantenido bajos debido a las fuertes inversiones y al hecho de que el comercio minorista es una actividad altamente competitiva y de bajo margen”, responden en la citada cabecera desde Amazon.

Amazon destaca a través del correo electrónico enviado a El Mundo que ha invertido en España más de 1.100 millones de euros desde 2010 empleando en la actualidad a más de 3.200 personas.

La compañía de Jeff Bezos estableció en 2015 en España una sucursal. Hizo lo propio en Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. Estas sucursales pagan impuestos en cada uno de los mercados citados.

Los impuestos recogidos se reportan de forma directa a Hacienda y no al Registro Mercantil y aparecen incluidos en las cuentas de la empresa matriz, Amazon EU Sarl. Cabe señalar que esta no ofrece lo datos desglosados de cada país.

La Tasa Google

Con esta fotografía en la mano, si se aplicara la tasa digital aprobada por el Gobierno del 3%, Amazon tendría que pagar un impuesto del 3% en base a su facturación total. Este sería el resultado de la suma de todas las comisiones recibidas de todos los vendedores.

Recordemos que la denominada como Tasa Google se aplicaría sobre la facturación y no a los beneficios. De acuerdo a los recogido por los Presupuestos Generales del Estado se denomina Impuesto sobre Determinados Servicios Digitales (IDSD) y grava “servicios de publicidad en línea, servicios de intermediación en línea y la venta de datos”.

Las consecuencias del IDSD aún tienen que concretarse. “Las compañías que vendan su producto en internet quedarían exentas, pero no así las plataformas que faciliten los de terceros”, detalla en El Mundo el responsable de una asociación empresarial.

En resumen, la Tasa Google no afectaría a las ventas que se efectúen de un producto a través de empresas como Inditex o El Corte Inglés, pero si a los intermediarios como Amazon.

La norma creada por el Gobierno de Pedro Sánchez se erige como pionera en Europa y coincide con algunos de los puntos de la propuesta creada al respecto por la Unión Europea.

En resumen, esta fija un impuesto del 3% para todas aquellas empresas que superen los 750 millones de euros de facturación a nivel global. En el caso del impuesto español se introduciría un umbral suplementario basado en tres millones de euros de la facturación en España.

Las estimaciones realizadas por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) señala un pronóstico recaudatorio de entre 546 y 968 millones de euros.

Vía: Marketing Directo

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