“¡Digitalizarse o morir!”. Este es el tema que hoy protagoniza la mayor parte de seminarios, congresos, formaciones, etc. De hecho, podría inspirar el título de un libro de éxito de próxima publicación.

Hoy en día, parece que “todos, todas y todo” tienen que pasar por el canal digital. Y es verdad, que con la digitalización se abre un universo infinito de posibilidades. Pero, ¿no tendemos a realizar generalizaciones de lo que percibimos? Hacemos juicios de valor y pensamos que todo el mundo tiene la misma visión que nosotros, y en concreto, que “futuro y ganancias = digitalización“.

Partiendo de esta reflexión y observando el contexto, me hice las siguientes preguntas:

  1. ¿Están todas las empresas en este proceso?
  2. ¿Qué alternativas existen a la digitalización?
  3. ¿Podemos estimar las consecuencias que traerá?

En la tarea de aportar respuesta a la primera pregunta. Me vino a la mente, una experiencia personal reciente.

En estos días, mantuve una reunión donde el máximo directivo de una gran empresa me decía: “Déjales que se digitalicen que mientras ellos están ocupados, nosotros vamos a basar nuestras ventajas competitivas en las emociones”. Y tengo que decir, que no es que su visión pasara por “no” ofrecer a los clientes la opción del canal digital, sino más bien, que este profesional creía firmemente en que el valor no estaba en la digitalización “en sí”.

La visión de esta gran empresa, unido al hecho de que más del 75% de las “micropymes” en España (pequeños comercios, bares, restaurantes, etc), según estudios Bisocial, es reacia al uso de las redes sociales y medios digitales. Me llevó a pensar que la posible respuesta era que “no todo el mundo está en el proceso y tampoco le está dando la misma importancia”.

A continuación, siguiendo con las preguntas antes establecidas, continué con ¿existen alternativas? La respuesta que me surgió fue ““, pero NO “alternativas absolutas”(negocio totalmente o nada digital).

Es más, entre las alternativas compatibles con el entorno digital, identifiqué algunas que están teniendo cada vez mayor auge:

La vuelta del artesano. Ante la estandarización y falta de humanización de lo digital, el concepto clásico de artesano vuelve con fuerza (productos naturales, ropa hecha a mano, plantas especiales, bisutería montada, etc). Quizá con un planteamiento más actual, que es lo que estamos encontrando en mercadillos de todo tipo (Pop up, etc).

La físicalización de lo digital

Gigantes como Amazon o Alibaba, están en el proceso de crear una red de tiendas físicas. Por tanto, el comercio y el empresario tradicional, podrá brindar su experiencia y sus servicios a este tipo de empresas puramente digitales.

El foco en lo emocional

Hay negocios que llevan décadas al amparo de las emociones (clubs deportivos, etc). La probabilidad de que desaparezcan por no digitalizarse habría que valorarla.

Finalmente y en la búsqueda de respuestas ante la última cuestión de ¿qué consecuencias puede tener la digitalización? Recordé lo que varios miembros “leonardos”, de un club de transmisión de conocimiento que lidero, mencionaron de lo digital desde un tono no tan positivo en nuestro último encuentro:

Limita nuestras opciones

Los algoritmos actuales están tan dirigidos a la personalización que condicionan lo que vemos a través de los medios digitales (Ej. Como miré unas botas de “Sky”, el sistema me ofrece sin parar durante dos meses opciones a las botas que buscaba, cuando eran para un familiar y ya solucioné la compra).

Distorsiona la imagen que tenemos de las cosas

Si cuando introducimos digitalmente el nombre de una ciudad o de un país (por ejemplo, la palabra Egipto), sólo salen anuncios de viajes, nuestra visión estará sesgada (por ejemplo, identificando Egipto con los cruceros por el Nilo). Y, por tanto, lejos de la realidad del país en sí.

Por tanto y para finalizar, os dejo mis reflexiones y os invito a mirar las cosas en perspectiva, en su contexto y a no dejarse arrastrar por la generalización absoluta.

Un artículo escrito por Elena Alfaro