Cuando se habla de aplicaciones básicas de negocio muchos pensamos en el teléfono, al que nos llaman los clientes o el correo electrónico donde muchos envían mensajes. Pues bien, son dos servicios que muchos negocios ya tienen en la nube, a través de una centralita virtual y los servicios de correo online contratados.

Son servicios básicos para cualquier empresa, donde muchas de ellas dependen de un proveedor de servicios para trabajar. Claro que no hay datos propios o de sus clientes. Y este aspecto es clave. Muchas empresas no dudan en externalizar servicios básicos para el funcionamiento de su negocio. Pero cuando se trata de su información la cosa cambia.

Porque no es lo mismo que la recepción de llamadas dependa de un servicio que nos presta Vodafone o Telefónica a que los datos de nuestra organización estén en manos de terceros. Está claro que en cierta medida dependemos de otras empresas. Si cierra la empresa con la que tenemos contratado el programa de gestión nos causará un grave trastorno, pero siempre tenemos los datos que podemos migrar a otra similar.

Puede incluso que falle nuestro servidor, ya sea una cuestión de hardware o de sistema operativo. Se puede recuperar, adquirir uno nuevo, etc. y será cuestión de horas o de días que todo vuelva a estar de nuevo operativo siempre que tengamos una copia de seguridad desde donde rescatarlos.

El miedo es perder trabajo, perder información o que caiga en manos de quien no debe. Por eso muchas organizaciones no desean habilitar acceso a dicha información en la nube, ya que consideran que una mal uso por parte de un empleado, por ejemplo, supone exponer datos confidenciales al alcance de cualquiera.

La verdad es que luego la mayoría de los robos de información se producen a través de una fotocopiadora, de la agenda de contactos que tenemos en el smartphone, etc. Y un empleado se marcha a la competencia con información confidencial debajo del brazo, aunque nuestro servidor siga custodiado en nuestra oficina en una habitación con siete candados.

Un artículo escrito por Carlos Roberto