¿Se pasa el día pegado al móvil? ¿Tiene la sensación de que está horas y horas navegando en internet sin hacer nada productivo? Y lo que es peor, ¿desciende su productividad por culpa de la cantidad de tiempo que pierde consultando banalidades en el smartphone? Tranquilo, no es el único.

La adicción a la tecnología ha alcanzado límites insospechados, según un estudio de Deloitte, la mitad de los usuarios consulta el móvil hasta 50 veces al día y la primera consulta pocos minutos después de despertarse. Pero no hace faltan los datos para darnos cuenta de que a nuestro alrededor estos dispositivos han absorbido la atención de la gente y han propiciado un cada vez más escaso contacto humano y físico.
Y lo peor de todo es que lo sabemos pero no queremos poner remedio. Un informe de Havas Worldwide asegura que 6 de cada 10 personas cree que sus vidas serían mejor si fuesen más productivos y la mitad de ellos asegura perder mucho tiempo con el móvil.

Y lo cierto es que la tecnología ofrece muchas comodidades y rapidez de comunicación pero esto ha desembocado en una alienación del estado natural del ser humano que es su dimensión social y física. Tanta es la adicción que ya están en el mercado numerosas aplicaciones para bloquear o apagar las pantallas de los usuarios con el objetivo de evitar distracciones.
Ante este panorama, las marcas deben optar por no abultar todavía más el saturado mundo digital, no ser una barrera para la gente y optar por crear estrategias que muestren valores y principios construidos en el mundo real.
Si quieren conseguir el engagement de los consumidores, las marcas deben hacer entender que tienen unos propósitos que trascienden los digital, de lo contrario, corren el riesgo de acabar siendo un elemento más del ruidoso y disruptivo mundo digital.