Las aplicaciones móviles forman parte de la vida de los consumidores desde hace algunos años, cuando los smartphones aparecieron en el día a día y se fueron haciendo cada vez más populares, y de la estrategia de las marcas, que vieron en esta popularidad creciente una manera de conseguir llegar al corazón de los consumidores y de convertirlos en fieles usuarios de sus productos y de sus marcas.
A medida que iban pasando los años, más y más aplicaciones iban apareciendo en el mercado y más complicado se hacía llamar la atención entre todas ellas. Los usuarios se descargaban aplicación tras aplicación, aunque no usaban realmente todas ellas. Las apps se convirtieron así en un territorio en el que las marcas se cuestionaban muchas cosas (¿son una burbuja?, ¿necesito realmente una app? O ¿va el consumidor a emplearla?) aunque reconocían que, dado su éxito, tenían que estar ahí.

El mercado de las apps ha alcanzado su madurez, como señala un estudio reciente de Gartner sobre la materia. Los usuarios, concluyen, se muestran satisfechos con las apps que han descargado y emplean y de hecho usan ya aplicaciones móviles en si vida diaria y para muchas y muy variadas cosas.
“Tras ocho años de búsquedas, de descargas y de usar aplicaciones en el smartphone, los usuarios han madurado en sus comportamientos de uso”, explica Brian Blau, director de investigación en Gartner. “Sin embargo, podríamos ver que algunas de esas pautas cambian en el futuro a medida que los usuarios integran las apps más intensamente en sus vidas diarias”. Las marcas y los proveedores de aplicaciones deben posicionarse por delante de los consumidores y de esas nuevas pautas de consumo si quieren mantener a esos usuarios como fieles clientes. Tienen que ser más intensos en sus estrategias de desarrollo, marketing y branding, señala Gartner, para retener a esos consumidores.
Los consumidores están además contentos con las apps que tienen, lo que según Gartner se puede traducir directamente en que se mantendrá el status quo. Los usuarios seguirán empleando las apps que ya tienen, lo que hará que los desarrallores y las marcas que han llegado ya a ellos no se vayan a enfrentar realmente a perderlos. El problema está, sin embargo, en quienes intenten llegar de nuevo a ellos. Ellos tendrán que hacer un esfuerzo mayor para intentar romper con los patrones de uso que ya se han establecido y encontrar su puesto.
Llegar a los consumidores es por tanto mucho más complicado que al principio del boom de las aplicaciones móviles. “No es que los usuarios de smartphone hayan perdido el interés en las apps”, explica Blau, “los usuarios están aún emocionados ante lo que las apps pueden hacer por ellos en sus vidas diarias, tanto en el entorno de trabajo como el que no es de trabajo”.
Las marcas tienen que romper con la rutina y tienen que llegar al consumidor en un entorno en el que todo está ya más o menos repartido. La cuestión está en que los consumidores “planean mantener las mismas pautas de uso”. “Los usuarios probarán nuevas apps, pero necesitarán el ser convencidos del valor de la app antes de adoptarla y cambiar sus pautas de uso en el largo plazo”, apunta el investigador.
Las aplicaciones que ya se están empleando
¿Qué es lo que ya están empleando los consumidores en sus móviles? El estudio concluye que, aunque el uso de apps es bastante elevado en todas las categorías, existen ciertas categorías que, por así decirlo, se llevan la palma. En ellas el porcentaje de uso semanal es mucho más elevado. Las ganadoras son las apps sociales (con los usuarios empleando de forma masiva las apps que permiten conectarse a las redes sociales) y las apps de vídeo. Ambas tienen un elevado uso semanal.
El estudio destaca que, incluso aquellas apps que tienen usos menores en general, consiguen elevados ratios de uso entre quienes se las han descargado. Así, aunque la penetración de, por ejemplo, las apps de fitness no alcanza más del 23% en los mercados analizados, el 70% de los usuarios que ha descargado esas apps las usa semanalmente o de forma incluso más frecuente.