A lo largo de más o menos una década, el contenido ha evolucionado pasando de ser una pieza estática de información a algo que mantiene en acción: la forma como lo usamos ha cambiado, lo que demandamos de él ha cambiado, y ciertamente la forma como es entregado y consumido ha cambiado.

En la medida que la información se ha vuelto un elemento cada vez más importante dentro del proceso de compra – lo que estamos dispuestos a dar con el ánimo de conseguirla también ha cambiado.

Y eso es en lo que me quiero enfocar hoy.