Una buena parte de las transacciones online se realiza a través de los smartphones, de ahí que sea necesario que las webs y las tiendas online cuenten con una aplicación que facilite al usuario la adquisición de los productos. Y eso es precisamente lo que hace AppTiendaOline (http://www.apptiendaonline.com/), una startup que ayuda a las tiendas online a adaptarse al mundo de los smartphones.
Esta compañía, creada hace dos años por tres jóvenes emprendedores, basa su tecnología en la sencillez para el cliente y les ayuda a “enmarcar” la web de forma que quede contenida en una aplicación para smartphones, utilizando para ello su plataforma original. Así, no habrá stocks duplicados, no habrá gestiones duplicadas y las actualizaciones y modificaciones serán inmediatas, sin olvidar que el proceso de pago y las recepciones de pedidos serán exactamente iguales a las de la versión web.

El usuario también podrá utilizar la herramienta de notificaciones push, que le ayudará a fidelizar a sus clientes, pudiendo enviarles las novedades, las ofertas o las noticias del sector, entre otras cosas.
Pero ¿Cómo han llegado hasta aquí? El grupo de emprendedores nos lo relata con sus propias palabras:
La historia se remonta a hace un par de años, cuando Gonzalo Torralba, Rubén Abascal y el que suscribe (Javier Cuesta) estábamos pensando como impulsar nuestras carreras profesionales.
Nosotros ya nos conocíamos de antes, yo había sido asesor de microempresas y en el pasado les había asesorado en relación a su proyecto de desarrollo de páginas Web y apps, ellos, por su parte montaron y mantuvieron a nivel técnico una tienda virtual de mi propiedad.
En ese contexto nos reunimos en varias ocasiones, la primera de ellas fue casual y simplemente sirvió para compartir que queríamos iniciar algo nuevo.
“Montar algo nuevo” era nuestra base. Como veis una base bastante “indefinida” por decir algo.
Las reuniones interesantes vinieron después, desarrollamos varias sesiones de brainstorming con la intención de encontrar un nicho de mercado en el que pudiéramos ofrecer algo de valor a nuestros futuros clientes obteniendo los siguientes resultados (entre otros):
  • “City” smart market. (sustituir “City” por cualquier ciudad específica)
El concepto básico de esta empresa era montar un servidor que contuviera toda la información de los productos presentes en las tiendas de una ciudad. La visión final es la de tener geolocalizadas todas las mercancías en venta en una ciudad, tanto de primera como de segunda mano.
Como propuesta de valor, el usuario dispondría de una aplicación móvil que le permitiría comprar, reservar, comparar o comentar productos o establecimientos de venta.
Mola ¿no?.
La idea nos gustaba, hasta que empezamos a indagar un poco en lo que necesitaríamos para llevarla a cabo.
Cuando tu Canvas tiene escritas cosas como “todos los establecimientos comerciales de una ciudad” como “key partners” ya te haces a la idea de que eso va a ser complejo.
Por otro lado, nuestro DAFO, en la “A”, tenía cosas como “desconocimiento de los gastos derivados del mantenimiento de un servidor” o “desconocimiento del tamaño y coste del servidor necesario para cada ciudad”.
Y eso fue lo que nos llevó a levantar el pie del acelerador. Definitivamente, que en tu DAFO aparezcan riesgos que se derivan de que no tienes experiencia en las key activities y key resources de tu Canvas… es que estás a punto de meterte en problemas serios.
Así que lo desestimamos.
Sin embargo en ese Canvas había algo que llamó nuestra atención. Y era el hecho de que planteábamos un servicio de entrega a domicilio capaz de recoger cualquier producto en cualquier parte de la ciudad y llevarlo al domicilio del interesado. Pero… ¿Era posible entregar el producto también en cualquier parte de la ciudad aunque el punto de entrega se moviera de forma dinámica?.
Y así nació…
  • “City” smart delivery. (sustituir “city” por cualquier ciudad específica)
City smart delivery sería una empresa de transportes especializada en el segmento de la última milla cuyo factor diferenciador es que sería capaz de entregar los productos tanto en los domicilios como en el lugar donde se encontrara el usuario en cada momento.
¿Cómo lo haríamos? Trabajaríamos con usuarios registrados, de forma que los clientes deberían darse de alta y bajarse la aplicación de la empresa. La aplicación accedería al servicio de geolocalización del móvil y, cuando hubiera un paquete listo para ser enviado, avisaría al cliente de que un paquete está en camino preguntándole si quiere la entrega en el domicilio (dirección por defecto) o en el lugar donde se encuentre físicamente.
En caso de optar por la segunda opción transmitiría de forma dinámica la posición del cliente para que el repartidor supiera a donde dirigirse.
Le veíamos un potencial enorme, no solo a la hora de entregar paquetería tradicional sino a la de ofrecer servicios adicionales como la entrega de comida en la playa, o incluso ofrecer el servicio de recogida de paquetes de otros transportistas para llevárselos al cliente en mano.
En un momento dado de una sesión de brainstorming se escuchó la siguiente frase: “¡como juntemos City smart delivery con City smart market lo petamos!” (Disculpad la vulgaridad, es literal). Y puede que fuera cierto… pero a ver como lo llevábamos a cabo.
Nuevamente lo descartamos por las cuestiones que aparecían en las amenazas. Principalmente por la que indicaba que competíamos en el tramo de última milla. El tramo de última milla es el más caro de todos los tramos de transporte de mercancías. Por eso este concepto también aparecía en las oportunidades.
Aquel que consiga rebajar sustancialmente los costes de entrega de paquetería de última milla tendrá un BUEN negocio entre manos a nivel global. De ahí el interés de Amazon por cierta tecnología… O queAlibaba haya anunciado la semana pasada que ya está en ello.
Nuestra propuesta no iba por esa línea sino por la de ofrecer servicios adicionales que permitiera diferenciarnos y posicionarnos para acceder a segmentos que estén dispuestos a pagar un poco más por sus envíos recibiendo servicios adicionales.
El caso es que esta idea quedó en el tintero, hablamos con inversores, lo comentamos con algunos profesionales del área de transportes y se frenó un poco por dificultades técnicas y por las cifras de costes de ventas que manejábamos (La última milla es cara).
Así que volvimos sobre el problema inicial, y volvimos a tener otra reunión de brainstorming, pero esta vez con las ideas más claras.
Buscábamos algo que no dependiera mucho de terceros, que se ajustara (al menos parcialmente) a nuestro know how, que ofreciera un valor añadido claro a nuestros clientes, cuya estructura de costes fuera aparentemente sostenible y que el aspecto técnico no pareciera de ciencia ficción.
Recuerdo que en un momento dado de la reunión surgió la siguiente pregunta: “Pero vamos a ver ¿tú qué sabes hacer?”
Acordamos que cada uno debía escribir lo que sabía hacer. Esto fue lo que salió en mi lista:
  • Bloguero aficionado aunque persistente (mantengo una web desde hace 7 años).
  • Explicar física.
  • Malabares con hasta 4 pelotas.
  • Escribir artículos.
  • Divertir a la gente.
  • Llevar una tienda virtual.
  • Gestionar redes sociales (nivel aficionado).
  • Pedir dinero en la calle haciendo malabares (no preguntéis).
  • Escribir una novela (En realidad voy por la mitad).
  • Dirigir partidas de rol.
  • Distinguir un vino joven de uno viejo.
  • Hacer reír a mi mujer (Seguro que si lee esto, se ríe)
  • Distinguir entre diferentes tipos de cerveza.
  • Analizar juegos de estrategia (en esto soy de lo mejor que hay).
  • Finalizar juegos de estrategia ridículamente difíciles.
  • Y luego, ya, lo que pone en mi currículum.
Acto seguido nos pusimos a tachar de las listas de los demás lo que pensábamos que no nos servía. De mi lista lo que primero se tachó fue lo de pedir dinero en la calle. Vete a saber por qué.
Pero cuando acabamos vimos que entre otras cosas juntábamos “Llevar una tienda virtual”, “desarrollar aplicaciones para smartphone” y “desarrollar páginas web”. Y dijimos: Paren las rotativas que aquí tenemos algo.
¿Por qué no preparamos una aplicación para que los dueños de las tiendas virtuales tengan su tienda en aplicaciones para smartphones y tablets?.
Y empezamos a construir la idea con un juego de rol (fíjate, que lo habíamos tachado, pero “dirigir partidas de rol” al final fue útil).
Yo era el cliente. Y ellos me ofrecían una solución. Y empezábamos a negociar, yo exigía algunas características y desestimaba aquellas que no me aportaban nada o que incluso me causaban problemas (cualquiera que haya llevado una tienda virtual sabe que meter productos, cambiar precios, eliminar referencias etc es un trabajo desagradecido como pocos, pero su primera propuesta iba por esa línea).
Y así fue como nació el concepto. Más tarde, ya con mucho proceso avanzado, y con las pruebas piloto de algunos clientes preliminares funcionando, adaptamos el producto no solo a mis experiencias sino también a las de estos clientes.
Y finalmente nos tuvimos que sentar a decidir cómo lo llamaríamos.
Y lo bautizamos como “AppTiendaOnline”.
Para saber más sobre nosotros (y leer nuestro interesantísimo blog de desarrollo) no dejes de visitarnos en http://apptiendaonline.com/
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